jueves, 29 de junio de 2017

La gran belleza

La vida se mide en los momentos mágicos en los que te hacen participe de una historia que no es la tuya pero que entiendes plenamente porque en el fondo tambien forma parte de ti.
Siempre he pensado que la peor cosa a la que uno puede dedicar su vida es a escribir.
Es un ejercicio de exhibicionismo barato donde te desnudas delante de un montón de extraños, y les das una parte de ti que has sangrado hasta quedarte frió y exhausto.
Siempre esperas expectante que tus palabras puedan ser cuidadas y tratadas con el cariño o el odio que se merecen.
Y a veces cuando presentas una obra a algún sitio intentando que la cosa que mas te apasiona en la vida tambien se convierta en algo mas te sientes completamente derrumbado.
Dejando que eso que te ha recompuesto se transforme en la puja de otros, que no comprenden lo que ha costado parir cada silaba de una historia que nunca sera la sera la suya.
Muchas veces se me olvida porque sigo escribiendo.
Pese a que algunas noches donde las musas y los demonios no se ponen de acuerdo consigo conciliar el sueño gracias a un par de versos.
Aunque en cada mudanza encuentro escondidos en mis cajones un montón de folios que no recordaba y que representan todo lo que ha significado un lugar para mi.

No se existir si no escribo. Si no hago literatura de cada instante precioso de la vida.
Si no juego con lo maravilloso de las palabras hasta quedarme sin respiración.

Las palabras me acogen sin mas. Sin preguntas ni recelos. Me aceptan tal cual cuando estoy jodidamente triste o excesivamente alegre.
En cada separación y cada encuentro. De modo fortuito y premeditado.
Me dejan pasar cuando nadie cree que tenga nada valioso que contar.
Hacen que cada pena y cada triunfo valgan verdaderamente la pena.





Y a veces se me olvida pero ayer sentada en un bar con unas amigas viví un momento mágico que creo que nunca podre olvidar.
Porque si; aunque aparentemos ser cínicos y fríos a veces la magia nos gana la partida.
Mientras estábamos sentadas un hombre mayor se acerco a nuestra mesa para darnos una hoja con un texto de Faulkner sobre lo que significa escribir. Sobre el escritor joven.


Soy muy reacia a que cualquiera me de publicidad. Porque la vida esta llena de ello. Rebosa de anuncios por los que ni siquiera hemos preguntado. Intentan vendernos el mejor lugar para reunirnos, la mejor religión, el mejor partido político, la mejor forma de conservarnos jóvenes y atractivas y porque no. El mejor polvo.
Lo mas común es toparte con un par de lunáticos que intenten hacer creer en algo que ni ellos mismos se toman demasiado en serio.


Por eso me emociono y me sorprendió mucho encontrarme cara a cara con un folio con un texto de Faulkner en la mano. Un texto que ni siquiera tenia una dirección, una pagina web o la referencia de alguna librería.



A lo mejor soy rara pero siempre he saboreado la esencia de la belleza de esos momentos.


Soy de esas personas que se emocionan cuando ven un mensaje bonito escrito en una acera o en un muro.
Y creo que el arte es eso. Compartir en comunidad una parte de ti mismo sin esperar la aprobación o el rechazo ajeno. Desnudarte completamente delante de un montón de extraños, dándoles la parte mas intima de ti y esperando que eche raíces en su interior. Regalar a los demás lo que eres y esperar que les llene tanto como a ti. Y no quedarse. No quedarse nunca a escuchar los aplausos o los abucheos.



Fui la única persona de mi grupo que se quedo mucho rato pensando en lo que habia ocurrido. Me preguntaba que habría motivado a una persona a salir de su casa con los mejores parrafos de su  escritor favorito fotocopiados para entregarlos a un montón de extraños que posiblemente no entenderían su gesto y acabarían por mofarse de el.


Admire a ese hombre. Lo admire aun sin conocerlo. Porque sin que el lo supiera me habia hecho un gran regalo.



Y es que hay una belleza oculta en la vida que muy pocos podemos percibir pero que esta al alcance de cualquiera.



Yo siempre he amado esa belleza.



La belleza de los osados. La belleza de los que hacen monólogos para si mismos, esperando en vano narrar un discurso que pare una guerra.



Una belleza sublime y cautivadora que se oculta debajo de la rutina y la monotonía que nos amenazan cada día. Que tiembla debajo de nuestros parpados, esperando hacer acto de presencia.



Esa belleza tambien existe dentro de nosotros mismos. Es la que nos hace ser capaces de gestos grandilocuentes.




Y lo habia olvidado. Pero tambien forma parte de mi. Es lo que soy. Esa belleza rara que pocos entienden cuando la tienen frente a sus ojos.



Esa belleza que a veces se cree horrenda.